Pequeño gran amor: probamos el Smart fortwo EQ

Pequeño gran amor. Con el título de esta famosa canción de origen italiano ha decidido Smart promocionar, con motivo de San Valentín, el nuevo Smart fortwo EQ, el último lanzamiento de la gama Smart y que, como su propio nombre indica, monta un sistema de propulsión eléctrico. Con esto, Smart se convierte en la primera marca en comercializar su gama al completo en versiones tanto con propulsión eléctrica como con motores de gasolina.

Estos son el forfour, de cuatro plazas; el fortwo cabrio con carrocería abierta, y el fortwo coupé, modelo que nos ocupa. Queremos agradecer a Mercedes-Benz Valencia, que ha tenido la gentileza de cedernos una unidad de este ecológico urbanita para analizarlo y poder contaros qué tal se mueve entre las calles de la ciudad sin emitir ni un solo gramo de CO2. ¿Te subes con nosotros?

El Smart ha mantenido su concepto prácticamente intacto desde el lanzamiento de su primera versión allá por 1998, hace más dos décadas: dos plazas, un maletero decente y, sobre todo, una longitud reducida que le permitiera moverse por los recovecos de cualquier ciudad de forma fácil y sencilla. Y la nueva generación no es menos. Con 2,69 metros de longitud, se mantiene fiel a sus principios.

Otra de las grandes bazas del Smart ha sido su personalización, y la última versión tampoco se queda atrás. Cuenta con una gran gama de opciones entre las que poder elegir a la hora de configurar el vehículo, para hacer de nuestro Smart una unidad única en el mundo. La unidad que tuvimos la oportunidad de probar, contaba con el acabado Passion, un acabado extra que por un coste de algo más de 800€ nos aporta ciertos elementos tales como la pantalla central en color de 8,9″, la recuperación de energía asistida por radar o llantas de diseño específico.

Abrimos la enorme puerta y nos sentamos en el asiento del conductor. De manera instantánea, nos llama la atención dos características que comparte con sus hermanos: todos los elementos se encuentran muy a mano, siendo todos los botones accionables prácticamente sin desviar la vista de la carretera, y la gran sensación de amplitud interior. Sorprende esto último dadas las reducidas dimensiones exteriores del coche, pues no esperamos que por dentro sea tan amplio, y en parte se debe a la gran superficie de cristal, apoyada por el techo acristalado.

Las calidades interiores son las mismas que en sus modelos de combustión. El volante y el selector de cambio en cuero aportan un nivel de calidad superior al habitáculo, aunque ciertos elementos como el marco de la pantalla, la cúpula del salpicadero o la consola central son de plástico duro al tacto, y que además visualmente pueden aportarnos una sensación de material barato. No habría estado mal que, aunque el material fuera plástico, le hubieran dado un acabado más vistoso que el que tiene, que sin ser malo, no se ajusta a un coche de este precio.

El volante presenta regulación en altura, pero no en profundidad. Aunque este detalle no es tan importante si consideramos los múltiples ajustes de los asientos, por lo que encontrar la postura idónea de conducción es sencillo y rápido, incluso midiendo más de 1.80m como es mi caso. Introducimos la llave en el contacto y la giramos. Y no ocurre nada. Lo único que nos indica que el Smart fortwo EQ está en marcha es un breve y ligero pitido, y el testigo ready en el panel de instrumentos.

En dicho panel siempre nos indica la autonomía en la esquina inferior derecha de la pantalla. Con los mandos integrados en el volante, además, de poder conectar y regular tanto el control de crucero como el limitador de velocidad, ambos de serie, podemos controlar las funciones de la pantalla tras el volante, con menús para dos ordenadores de viaje, velocidad actual del vehículo, ajustes del mismo, o programación de la preclimatización. Esta opción nos permite programar que, a cierta hora que nosotros decidamos, se conecte de forma automática bien el aire acondicionado o bien la calefacción, por lo que cuando lleguemos a recoger nuestro Smart de donde esté aparcado, lo encontraremos a una temperatura agradable.

En la parte izquierda del salpicadero, junto al pilar A, encontramos más instrumentación adicional. Donde los Smart de combustión suelen llevar el cuentarrevoluciones e indicador de nivel de depósito, en el Fortwo encontramos el mismo dial, pero con la indicación del nivel de carga de batería, así como el estado de la misma. Nos indica, de un vistazo, qué porcentaje de potencia se está utilizando en cada momento, entre el 0 y el 100%, durante aceleración, y en caso de frenada nos muestra el nivel de regeneración de energía. Un instrumento útil para economizar nuestra conducción un poco más.

Hablando de economizar, el Smart Fortwo dispone de un modo ECO, el cual podemos activar desde un botón junto a la palanca selectora. El modo ECO básicamente aumenta el nivel de regeneración de energía cuando levantamos el pedal de acelerador. Se aprecia también un aumento de autonomía de entorno al 10% al activarlo, aunque dependerá de la conducción y del ambiente por donde nos movamos. Habrá ocasiones en que, cuando dejemos de acelerar, prefiramos que el coche ruede libre, sin retener tanto regenerando energía, por lo que lo mejor será desactivarlo.

De la misma forma, dispone del sistema de recuperación de energía asistida por radar. Por medio de un radar, el mismo que realiza las funciones para el sistema de frenado activo, detecta la presencia de un vehículo delante de nosotros, para de esta forma retener el coche regenerando en su justa medida en frenadas y desaceleraciones, y poder aprovechar al máximo la energía.

En cuanto al motor se refiere, contamos con un motor síncrono de corriente trifásica, capaz de aportar 41 kW de potencia de modo contínuo (unos 52 CV), y 60 kW de potencia máxima (82 CV). Aunque estas cifras no sean sorprendentes, son hermanas de lo que solemos encontrar en vehículos utilitarios o urbanitas, enfocados casi exclusivamente a tráfico por ciudad. El dato que más sorprende es, sin duda, el par motor. Con 160 Nm, no es una cifra espectacular, pero sí lo es la forma en que lo desarrolla: desde la primera revolución disponemos del 100% de ese par.

De esta forma, es capaz de acelerar desde parado hasta 60 km/h en solo 4,9 segundos, una cifra más que buena para circular por ciudad. Sin embargo, si seguimos acelerando hasta 100 km/h, el tiempo hasta llegar a esa velocidad se alarga hasta los 11,5 segundos. No son malos datos, teniendo en cuenta siempre que hablamos de un coche enfocado a la ciudad. Su batería de iones de litio y 17,6 kW/h, permite una autonomía teórica de unos 150 km, aunque en nuestro caso, tras realizar un recorrido de unos 80 km alternando ciudad y circunvalaciones, disponíamos según el ordenador de abordo un remanente de energía para realizar 25 km más.

En conducción por ciudad, su gran batalla respecto a su longitud, así como su cota de anchura, nos aportan una sensación de seguridad difícil de obtener en un coche tan pequeño. Su comportamiento recuerda al de un kart, en el que sólo debemos preocuparnos de acelerar, frenar y girar. La dirección, de asistencia eléctrica, se muestra blanda en maniobras, pero precisa y rápida en circulación, lo que permite que callejear sea un placer. Y la suspensión, en cambio, aporta un toque deportivo gracias a su tarado duro, que no seco ni rebotón, permitiendo absorber cualquier irregularidad del asfalto sin que los pasajeros se vean molestos por ello, pero evitando cualquier balanceo de la carrocería incluso en curva rápida.

También ayuda a evitar ese balanceo la situación de las baterías, en el suelo del coche, lo que provocan que el centro de gravedad se sitúe lo más abajo posible. Eso, en un coche tan pequeño y con un peso de casi 1.100 kg en vacío (en orden de marcha se aproxima a los 1.300), es de agradecer, sin duda. En cuanto a sonoridad, tan solo se aprecia ligeramente el silbido del motor eléctrico aunado con el ruido de rodadura, siendo más silencioso que, por ejemplo, un Renault Zoe en este aspecto, pudiendo circular con el más absoluto silencio.

El tiempo de carga, según la marca, varía dependiendo de la potencia que utilicemos para tal efecto. En un mural con carga rápida a 22 kW, podemos cargar el Smart fortwo EQ de un 10% hasta un 80% en apenas 40 minutos, un tiempo más que bueno. Sin embargo, la cosa cambia si utilizamos enchufe convencional. Si hacemos uso del Wallbox que la marca proporciona como extra, esa misma carga la obtendremos en unas tres horas y media. En cambio, si conectamos el Smart a un enchufe doméstico normal y corriente, no tardará menos de seis horas en realizar el mismo procedimiento. Sin duda, unas cifras mucho más preocupantes teniendo en cuenta el ratio tiempo-autonomía disponible.

En conclusión, nos encontramos ante un urbanita de reducidas dimensiones, con un amplio interior, y una autonomía de más de 100 km, suficientes para el día a día en ciudad. Es un conjunto muy equilibrado, tanto por prestaciones como por tecnología, aunque lo que no va en consonancia es el precio. Parte de los 23.585€ para el Smart Fortwo EQ, un precio elevado, y más teniendo en cuenta que su gemelo con motor de combustión parte de apenas 12.000€, prácticamente la mitad. Por supuesto, ahí ya entran en juego las necesidades de cada uno, pues ante un desembolso tan importante, debemos plantearnos si nos merece la pena pagar el doble por un vehículo que no emite ni un gramo de CO2, cuenta con la etiqueta ZERO de la DGT, y permite circular de manera totalmente silenciosa.

Agradecer de nuevo desde aquí a Mercedes-Benz Valencia y Smart Center Valencia la oportunidad prestada por permitirnos descubrir más a fondo el Smart Fortwo EQ.

Pequeño gran amor: probamos el Smart fortwo EQ
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