Probamos el Mercedes B200d Sports Tourer

Tras su lavado de cara en el año 2015, el Mercedes Clase B se sitúa en el escalón ideal de la gama para quien busque confort, amplitud, eficiencia, incluso deportividad, y necesite cierto espacio pero sin querer subir al peldaño del Clase C y superiores.

Con un diseño más deportivo, y adaptado a la tónica general del resto de la gama, el Clase B Sports Tourer “suaviza” su concepción de monovolumen para asemejarse más todavía al saliente Clase A. Los paragolpes de diseño más deportivo, la variedad de llantas de aleación de hasta 18 pulgadas, los faros de LED y los detalles cromados juegan su papel haciendo más difícil asociar al Clase B Sports Tourer con un monovolumen.

 
En cuanto a la unidad que hemos probado, se trata de un Clase B 200 d, que cuenta con un motor diésel de 2.143 centímetros cúbicos y 136 CV, asociado a una caja de cambios automática de doble embrague y siete velocidades 7G-DCT. Esta opción se sitúa como intermedia dentro de la gama de motores diésel, entre el B 180 d de 109 CV y el B 220 d de 177CV, mientras que en cuanto a las motorizaciones de gasolina, se ofrecen dos versiones de 122 y 156 CV, el B 180 y B 200 respectivamente. El cambio automático se ofrece de serie en los B 200 d 4Matic y B 220 d, mientras que en el resto de la gama se trata de una opción con un coste de unos 1.700€ en el mercado español.

El Paquete Sport se encarga de añadir elementos tales como las llantas de 18 pulgadas con contrastes en negro, cristales tintados calorífugos en la parte trasera o parrilla de dos lamas en aluminio. Abrimos la puerta y nos encontramos con una tapicería de símil de cuero ártico en las zonas laterales de los asientos, combinado con tela en las partes centrales de los mismos. El volante multifunción está forrado en cuero, siendo liso en las partes superior e inferior, y perforado en las zonas laterales. Los pespuntes en color blanco le aportan contraste a tapicería y volante, saliendo de la monotonía del color negro, a lo que también ayuda la moldura de aluminio efecto vela que encontramos en el salpicadero.

Una gran pantalla de 8 pulgadas preside el salpicadero, acompañada de unos aireadores redondos, los controles principales del sistema multimedia y navegador, y los mandos del aire acondicionado. Entre estos dos últimos, una botonera horizontal reune los pulsadores que activan el warning, el Start-Stop, el selector DYNAMIC SELECT del que más tarde hablaremos y, en caso de equiparlo, asientos calefactados y Parktronic, entre otras funciones.

La gran consola central reune un pequeño espacio donde se ubica la toma de 12V y, en caso de equipar paquete fumador, el cenicero; justo tras ella encontramos una guantera en forma de cubilete, bastante profunda, en el lugar donde estaría ubicada la palanca de cambios (los modelos de cambio manual no disponen de dicha guantera). El controlador giratorio del sistema multimedia y de navegación queda muy a la mano, con un manejo muy intuitivo y simple, aunque nos ha parecido que su uso sería más cómodo de estar situado unos centímetros más adelantado. Por último, el apoyabrazos deslizable longitudinalmente también esconde otra guantera, donde encontramos las dos conexiones USB. Por supuesto, disponemos de dos portavasos junto a la ruleta giratoria, aunque perdemos uno si deslizamos el apoyabrazos a su posición más adelantada.

Tras el volante, de tres radios, multifunción y con diseño deportivo, encontramos la típica disposición de controles que montan la gran mayoría de Mercedes-Benz, integrando los controles de los limpiaparabrisas y luces en la palanca izquierda, dejando la derecha libre para el selector del cambio de marchas. Las levas de cambio nos permiten, en todo momento, actuar sobre el cambio de marchas, subiendo y bajando marcha, y van fijas en el volante. Tienen el tamaño suficiente para realizar su cometido con total comodidad, pues en un vehículo con un enfoque más familiar que deportivo, no será algo que utilicemos con asiduidad, aunque en ciertas ocasiones agradecemos que estén ahí.

Arrancamos el motor mediante el botón situado tras el volante y, sobre todo en frio, un notable sonido nos recibe, fruto inconfundible del motor diésel de 2.143 centímetros cúbicos. Pese al trabajo realizado por la marca, la finura y suavidad no son elementos característicos de este motor, al menos en regímenes bajos; no obstante, el aislamiento acústico es tal que tenemos que prestar atención para escuchar el motor una vez este ha llegado a temperatura de servicio.

Engranamos la posición D del cambio con el selector, e iniciamos la marcha. En frío, y como en la mayoría de transmisiones de doble embrague, podemos percibir algún tirón circulando por ciudad o realizando maniobras, aunque solo durante los primeros momentos. Una vez pasados un par de minutos, tenemos un cambio que se asemeja en suavidad a un convertidor de par, pero con la rapidez de un doble embrague. Con el botón DYNAMIC SELECT podemos elegir el comportamiento que más se ajuste a nuestra conducción, con cuatro modos de conducción, los cuales alteran ciertos parámetros como la dureza de la dirección, sensibilidad del acelerador, puntos y rapidez del cambio, etc.

En el modo Confort el coche se muestra neutro; es el equivalente al vehículo sin el selector de modos de conducción, es decir, el más equilibrado. El modo ECO limita las prestaciones del coche, pues además de subir de marcha con más antelación, le resta mucha más sensibilidad al acelerador: tenemos que pisarlo más para obtener la misma aceleración, y siempre que las condiciones lo permiten, evita reducir de marcha. El modo Sport endurece la dirección, reduce el recorrido del pedal de acelerador, y acorta el cambio de marchas. En los tres modos, y accionando las levas del volante, pasamos a programa de cambio manual, que nos permite seleccionar la velocidad que queramos en cada momento. En este modo, tras 12 segundos sin accionar las levas, el cambio vuelve a su posición automática.

Todos estos parámetros los podemos adaptar fácilmente a nuestro gusto con el modo Individual para, por ejemplo, desactivar el Start-Stop, configurar la dirección en modo sport para un tarado más duro, y el motor en modo Confort. Con el modo ECO seleccionado, el Clase B incorpora el modo de planeo, el cual se activa automáticamente cuando se cumplen ciertas condiciones, y soltamos el acelerador. La caja de cambios se desacopla, bajando el régimen de giro del motor a ralentí y eliminando la retención del mismo, permitiéndonos recorrer distancias más largas con un consumo residual. Este modo es útil para los momentos en los que no queremos aprovechar la retención del motor para llegar a un semáforo o cruce, por ejemplo, y apenas se aprecia el cambio mas que por la leyenda en la pantalla del cuadro de instrumentos.

 

El propulsor diésel de 136 cv que monta nuestra unidad de pruebas resulta más que suficiente para casi la totalidad de circunstancias, pues presenta un buen empuje a partir de unas 1500 rpm, sin desfallecer hasta alcanzar la zona de las 4000 rpm. Si bien es cierto que el cambio automático suple las posibles carencias fuera de estas zonas, ya sea reduciendo o subiendo de marcha en los momentos óptimos, entendemos que con la caja manual habrá ciertos momentos en los que se requiera jugar con el cambio, aunque los 300 Nm de par deberían ser más que suficientes para evitarlo en la mayoría de circunstancias. Desde parado la aceleración es buena, alcanzando los 100 km/h en poco menos de 10 segundos, y siendo capaz de alcanzar los 210 km/h como velocidad máxima, aunque repetimos que por propia concepción, el Clase B no invita a correr, ni incita a realizar con él grandes aceleraciones. Aunque su diseño se ha modernizado perdiendo gran parte del aspecto de monovolumen que ostenta su predecesor, los más de 1500 kg de peso siguen ahí, y desde el momento en que nos colocamos tras su volante nos damos cuenta que el tipo de conducción que más le pega es el que realizaríamos al llevar a nuestros hijos al colegio: relajado.

Y hablando de conducción relajada, en los más de 700 kms que realizamos a bordo de nuestra unidad de pruebas el consumo medio final obtenido fue de 6.6 l/100km, siempre de ordenador de abordo, aunque pudimos comprobar que el error del mismo es de apenas un par de décimas. Cabe aclarar que, de esos más de 700 kms, el 60% aproximadamente fue por ciudad, y da fe de ello una velocidad media de 38 km/h. En recorridos puros por carretera, no es nada dificil bajar la media de 6 litros a los 100, llegando a obtener un consumo de 5,2 l/100km en modo ECO, utilizando el modo de planeo cuando el coche lo creía conveniente, y con el tempomat a 120 km/h. Esto nos situaría en una hipotética autonomía de unos 1.000 kms, lo cual no está nada mal teniendo en cuenta que contamos con un depósito de apenas 50 litros.

En resumen, la Clase B de Mercedes aporta un extra de dinamismo, juventud y, por así decirlo, deportividad, al clásico concepto de monovolumen, gracias a un diseño actualizado y renovado, a un equipamiento que conjuga las últimas tecnologías con los elementos funcionales que se esperan de un vehículo de este segmento, y una gama de motores amplia y variada, permitiendo configurarlo a nuestro gusto con un nivel de detalle mayor que en sus competidores. Aunque, por supuesto, manteniendo el espacio, la versatilidad y la comodidad de un monovolumen.

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