Mazda y el motor rotativo: una unión de décadas

Cuando hablamos de motor rotativo rápidamente se nos viene a la cabeza Mazda. Vehículos como el RX7, o el 787B que se alzó con la victoria en Le Mans son dos de los modelos más icónicos. Pero esta historia empezó unos años antes.
En los años 60 del siglo pasado, Mazda se encontraba en una encrucijada. El gobierno japonés estaba reestructurando la industria automovilística nacional y no había ninguna garantía de que Mazda pudiera subsistir. El presidente de Mazda, Tsuneji Matsuda, no estaba dispuesto a que la compañía fuera absorbida por un conglomerado automovilístico; y por ello, en 1961 firmó un acuerdo con la firma alemana NSU para desarrollar el motor rotativo. El objetivo era preservar la independencia de la marca.

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Sin embargo, no iba a ser un desarrollo sencillo ya que pronto se vio que el motor presentaba mucho problemas. El motor generaba demasiadas vibraciones y lo que conllevaba un desgaste anómalo; además, las fugas de combustible a la cámara de combustión causaban nubes de humo blanquecino y espeso. Por otra parte, el diseño de un solo rotor que había desarrollado NSU, que si bien era estable a altas revoluciones, tenía unas características de entrega de par pobre a bajas vueltas. Tras años de trabajo, se culminó en el Mazda Cosmo Sport de 1967, que fue el primer coche de producción en serie que montó un motor de dos rotores.

Este modelo fue el precursor del Mazda RX-7. Lanzado en 1978, fue el primer deportivo de Mazda dirigido al gran público y, con el paso del tiempo, se convirtió en el vehículo con motor rotativo de mayores ventas de la historia. Además, fue empleado en competición con notable éxito. Alzándose con la victoria en 1981 en las 24 Horas de Spa y ganó las 24 Horas de Daytona durante doce años consecutivos (de 1982 a 1993).

Esta experiencia del Mazda RX-7 adquirida en el mundo de la competición se trasladó al Mazda 787B de 710 CV, el coche que ganó las 24 Horas de Le Mans en 1991. Sigue siendo el único coche sin motor de pistones que las ha ganado, en lo que fue uno de los momentos más grandes en la historia del motor rotativo.

El Mazda RX-7 de primera generación (la plataforma “FB”) salió a la venta en Japón en 1978 y al año siguiente en Europa. Era un vehículo ligero con apenas una tonelada de peso y aerodinámico; con propulsión trasera y un reparto entre ejes cercano al 50:50. Al motor 12A de dos rotores y 1.2 litros se le unió más tarde una versión con turbo para Japón, que desarrollaba 160cv. En Norteamérica se presentó la versión 13B, con una cilindrada ligeramente mayor e inyección de combustible.

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El Mazda RX-7 de segunda generación (“FC”) se introdujo en 1985. Incorporaba el sistema DTSS (sistema de suspensión con alineación dinámica) y un turbocompresor. Además, mejoraba la entrega de par en la banda media de revoluciones. El motor 13B de 1.3 litros se extendió a todos los mercados. Aunque en Europa el RX-7 se ofreció inicialmente con un motor atmosférico de 150cv, también aparecieron versiones con turbocompresor de doble entrada; primero con 180cv, y después con 200cv. La versión más potente aceleraba de 0 a 100 km/h en 6 segundos y alcanzaba una velocidad punta de 240 km/h.

La tercera y última generación (“FD”) llegó en 1992, con nuevo turbocompresor secuencial doble. El desarrollo del último motor 13B alcanzaba los 239cv en su versión europea. Solo necesitaba 5,3 segundos para pasar de 0 a 100 km/h y su velocidad máxima de 250 km/h (con limitador). En 1996 dejó de venderse en Europa debido a la normativa de emisiones. Mazda siguió produciendo el modelo para varios mercados con el volante a la derecha e incluso elevó la potencia hasta los 280 CV en los últimos modelos, destinados exclusivamente a Japón.

El espíritu del Mazda RX-7 siguió vivo. Primero, en el Mazda RX-8 en 2003, y después con proyectos ciertamente peculiares. Como el motor rotativo de hidrógeno, del RX-8 Hydrogen RE, que podía funcionar con hidrógeno o gasolina; y el Mazda Premacy Hydrogen RE Hybrid, un monovolumen con un motor eléctrico y un motor rotativo de hidrógeno con sistema de combustible dual. Por último, la marca desarrolló un prototipo eléctrico del Mazda2 equipado con un pequeño motor rotativo de un solo rotor para aumentar la autonomía. Es probable que se monte un sistema similar en el Mazda MX-30.

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Diego M.

Carspotter y amante de los clásicos.

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