Probamos el SEAT Ibiza FR 1.0 TSI 115cv DSG

Desde su lanzamiento allá por 1984, todavía fuera del paraguas del Grupo Volkswagen, el SEAT Ibiza ha ido actualizándose tanto mecánica como estéticamente. La introducción de motorizaciones diésel, la adopción de plataformas compartidas con el Polo, o la irrupción de la tecnología lo ha convertido en un modelo esencial dentro de la marca española. Siendo el primer coche desarrollado por SEAT como marca independiente, ha conseguido alcanzar la nada despreciable cifra de cinco millones de unidades vendidas a nivel mundial.

Hoy tenemos con nosotros a la última generación del Ibiza, en concreto, una unidad con acabado FR y el novedoso motor 1.0 TSI de 115cv con cambio DSG. Pero tras cuatro años en el mercado y sin apenas actualizaciones desde entonces, la pregunta es clara. ¿Sigue la quinta generación del SEAT Ibiza estando a la altura de sus rivales y de lo que se espera en un coche del segmento B? Acompáñanos y te sacamos de dudas.

Cuando se presentó la actual generación del SEAT Ibiza allá por 2017, su estética nos pareció muy familiar, quizá demasiado, pues sus rasgos se aproximaban en demasía a lo que ya habíamos visto en su hermano mayor, el SEAT León. Esto, junto al cada vez mayor crecimiento de los modelos en cuanto a tamaño se refiere, nos aporta una sensación visual mucho más cercana a un coche del segmento C o compacto, que a un vehículo de su propia categoría, pues no olvidemos que el Ibiza es un utilitario.

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Con una parrilla muy marcada, un morro sin duda más agresivo que en anteriores generaciones y con líneas fluidas pero marcadas, la parte frontal del superventas de la marca española nos transmite agresividad, más si cabe al equipar el acabado FR de nuestra unidad. Los faros Full LED, de los que más tarde hablaremos, y los detalles en color negro aportan al conjunto un empaque y una presencia que no teníamos en sus antepasados. Con los antiniebla integrados en la parte del paragolpes, una rejilla inferior con entramado de panal de abeja y un paragolpes de diseño trabajado, la calidad percibida del modelo aumenta con creces.

En el lateral encontramos, de nuevo, líneas muy marcadas aportando músculo al conjunto. Dichas líneas fluyen desde el faro delantero hasta el piloto trasero, ascendiendo conforme nos dirigimos a la parte posterior, y acompañando a unos espejos retrovisores de un tamaño generoso, con formas también marcadas y sólidas, y con el intermitente integrado, de nuevo con tecnología LED. Las lunas laterales nos ofrecen una buena luminosidad en el interior del habitáculo, sin dejar de ser parte del diseño característico de la vista lateral del SEAT Ibiza.

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En la trasera seguimos encontrándonos formas más bien angulosas, pero bien proporcionadas y conjuntadas con el resto del coche. Los pilotos trapezoidales con tecnología LED y los embellecedores que simulan las salidas de escape forman, junto con el abombado portón del maletero, ya tradición en el modelo, una zaga agradable visualmente, y muy acorde al resto del diseño del coche. La luna trasera de grandes dimensiones nos aporta una buena visibilidad trasera desde el interior. Sin duda, el acabado FR juega en pro de un diseño más deportivo y dinámico, algo que al Ibiza le sienta como anillo al dedo.

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Pero ese nuevo diseño no solo lo tenemos en el exterior, ya que si abrimos la puerta entramos a su habitáculo, nos encontraremos con nuevos acabados y tecnología digna de un segmento superior. Comenzamos por los asientos, con un diseño claramente deportivo y un agarre lateral más que suficiente para lo que esperamos de un utilitario de 115 cv. Tapizados en tela negra y con detalles grises y rojos, de serie en este acabado FR, su diseño se amplía al resto del habitáculo.

El salpicadero es de plástico duro al tacto, como la gran mayoría de su interior, si bien encontramos la zona frontal forrada de un material acolchado; con una costura en contraste de color rojo, simulando efecto piel, aportando un extra en cuanto a calidad percibida y visual, con un tacto agradable. Tanto en la parte inferior del salpicadero como en la consola central y los paneles de las puertas nos volvemos a encontrar ese plástico duro que, si bien no ofrece ningún problema en cuanto a ajuste y su calidad es buena, se hace más duro de lo esperado. Sin duda, al menos en los acabados más altos (recordemos que este FR es, junto al Excellence, el tope de gama), no estaría mal algo más de material acolchado o mullido.

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Tanto el volante como la palanca selectora del cambio de marchas están forrados en cuero. El primero, de tres radios y con los mandos tanto de la pantalla central como del ordenador de a bordo integrados, muestra un diámetro para nada grande, con un tacto muy bueno y un grosor de aro acorde a su tamaño. Incorpora dos levas de un tamaño algo justo para subir o bajar de marcha a voluntad del conductor, y su cuero es perforado en las zonas de más contacto con las manos.

En cuanto al cuadro de instrumentos, esta unidad no equipa el extra del Virtual Cockpit, por lo que tenemos a nuestra disposición dos esferas de tamaño generoso, con unas grafías grandes y claras, que hacen las veces de tacómetro y velocímetro. Dentro de cada esfera encontramos sendos indicadores digitales informándonos de la capacidad del tanque de combustible así como de la temperatura del refrigerante. Y entre ambas esferas tenemos a nuestra disposición una pantalla de forma rectangular, donde obtendremos las indicaciones del ordenador de abordo, sistema multimedia y demás.

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Si bien la pantalla no es a color, algo que en pleno 2021 hace parecer algo anticuado el sistema, su tamaño y grafía hace que sea muy sencillo leer los valores aportados. Facilitando su uso los claros mandos del volante, con una ruleta giratoria para moverse por las opciones, y sendos botones de cambio de menú. Sin duda, una forma de distraernos de la carretera lo mínimo posible aportando gran cantidad de información.

Aunque la tecnología la encontramos en la pantalla central. Con 8 pulgadas y situada en una posición más bien alta, su visibilidad es simplemente perfecta. Por supuesto, su panel táctil y su sencillo software, heredado de su hermano mayor el León, hace que su uso sea tremendamente sencillo. Además de encontrarnos con lector de CD y tarjeta SD (escondidos tras la guantera), su conectividad se amplía con Apple CarPlay y Android Auto. Estos últimos sistemas por desgracia no son inalámbricos, pues precisan de tener el móvil conectado mediante cable para poder utilizarlos.

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En cuanto a las plazas traseras, encontramos lo esperable en un coche del segmento B. Sobre el papel son tres plazas, si bien es cierto que la central es meramente testimonial, para trayectos cortos o un niño. Las laterales, sin embargo, tienen una buena anchura y una altura al techo bastante adecuada, pues la caída de este no es tan agresiva como en algunos de sus competidores. El punto en contra lo encontramos en el espacio para las piernas, ya que dependerá de la estatura de los pasajeros de las plazas delanteras el que las rodillas rocen con el respaldo de los asientos delanteros. Pese a esto, cuatro personas pueden realizar viajes de forma muy cómoda a bordo de este Ibiza.

Y a esto ayuda también el maletero. Con unas formas muy regulares y un volumen de 355 litros, el mayor de entre sus competidores, permite cargar el equipaje de cuatro adultos con total tranquilidad de cara a un viaje largo. Y en caso de necesitar más espacio, podemos abatir los respaldos de los asientos traseros para obtener un espacio mayor. Aunque la superficie de carga no queda totalmente plana. Bajo el suelo del maletero encontramos una rueda de repuesto de tamaño normal, de sección inferior a las que monta el coche; y un hueco aprovechable a su alrededor para guardar pequeños objetos.

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Bajo el capó nos encontramos un novedoso motor de un litro de cilindrada, tres cilindros y sobrealimentado mediante turbocompresor. Por supuesto, de gasolina. Con una potencia de 115cv y un par motor de 200Nm desde tan solo 2.000 revoluciones por minuto, se trata de un propulsor muy polivalente y que engaña a la hora de conducirlo. Pues da la sensación de ser un motor más grande por la forma que tiene de entregar la potencia. Se siente lleno desde apenas 2.000 revoluciones y no desfallece hasta bien pasadas las 5.000 rpm.

El cambio equipado en esta unidad es el conocido DSG de siete velocidades y doble embrague. Se trata de un cambio a priori fiable y con una rapidez destacable, tanto al subir como al bajar de marcha, y con las levas tras el volante podremos jugar cuanto queramos con su funcionamiento, escogiendo a demanda del conductor la marcha que engranar. Cabe añadir que, a baja velocidad y durante las maniobras, su funcionamiento puede resultar algo torpe, pues en alguna ocasión hemos notado algún tirón, o ha sido relativamente difícil dosificar la cantidad de gas a aplicar, algo que ya notamos en el cambio 7G-DCT, también de doble embrague, que montaba el Mercedes Clase B que probamos anteriormente.

Su comportamiento es más bien neutro, algo que comparte con prácticamente la mayoría de los utilitarios recientes. Con una dirección asistida eléctricamente que filtra muy bien lo que ocurre bajo las ruedas delanteras. La plataforma MQB A0, derivada de la MQB sobre la que se construyen los Leon, Golf y demás compactos del grupo, se comporta de forma equilibrada y transmite confianza en la gran mayoría de ocasiones durante su uso diario. El motor acelera con contundencia, y su chasis gestiona la potencia disponible para permitir cierta diversión a la hora de trazar curvas. Si bien no es un deportivo, siempre nos permite esa licencia de pasárnoslo bien.

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Los tres modos de conducción, aunados al cambio DSG, nos permiten disponer de varios comportamientos claramente diferenciados. Afectan, además de al ya mencionado cambio, variando su rapidez y adelantando o retrasando la introducción de la siguiente marcha, a la dureza de la dirección y la sensibilidad del acelerador. Cuando circulamos en modo Eco, además de subir de marcha justo antes de las 2.000 rpm, al coche le cuesta más ganar velocidad; y además, activa el modo de planeo: cuando dejamos de acelerar se desacopla el cambio, dejando el motor a ralentí y permitiendo al coche circular a vela sin perder apenas velocidad.

En cambio, en modo sport, los cambios son mucho más rápidos, ya sea dejando a la caja escoger la velocidad en cada momento, o realizándolos nosotros mediante las levas del volante. Retrasa más la introducción de marchas superiores, y revoluciona más el motor. Además, el acelerador se vuelve más sensible, acortando su recorrido, lo que hace que el Ibiza se sienta mucho más vivo al volante, con una dirección más dura y un comportamiento mucho más ágil.

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Estos cambios afectan además al consumo de combustible, aunque en menor medida. Este ya es contenido de por sí, pudiendo obtener cifras de unos 6 litros cada 100 km en un uso mixto y sin preocuparnos de él. En viajes largos por autopista a velocidad mantenida podemos situarnos más cerca de los 5,5 litros cada 100 km. Mientras que si nos adentramos en ciudad, haciendo uso del stop start y con el modo eco activo, será difícil ver en el ordenador de abordo una cifra superior a 7 L/100 km.

Mientras que en autovía a altas velocidades se siente estable, pues aunque se trata de un coche del segmento B, recordemos que la plataforma MQB deriva de un compacto, heredando ciertos rasgos de sus hermanos mayores. En su habitáculo se viaja cómodo y en silencio, pues el pequeño propulsor no genera más ruido del necesario; sin ser molesto en absoluto, y tanto el ruido aerodinámico como de rodadura es más bien discreto. Sin embargo, en carreteras secundarias y buscándole las cosquillas, su zaga tiende a dejarse notar, redondeando la curva incluso llegando a levantar, en apoyos fuertes la rueda trasera interior del suelo, gracias a su suspensión endurecida.

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Suspensión que, con el acabado FR, es más dura que en las versiones de acceso a la gama, sin llegar a ser incómoda. El equilibrio entre confort y dureza es absoluto, sin balanceos ni rebotes extraños, y filtrando lo justo y necesario las irregularidades del terreno. Esto unido a los neumáticos de sección 215mm, con perfil 45 y montados sobre llanta de 17 pulgadas, redondean un conjunto muy polivalente y, sobre todo, versátil.

Polivalente, versátil y juvenil, con estos tres adjetivos podríamos definir al SEAT Ibiza con el acabado FR. Un coche ideal para quien busque un compacto para sus trayectos interurbanos, pero con posibilidad de realizar viajes con hasta cuatro personas sin importar su recorrido; con unos consumos contenidos y potencia suficiente para salir de cualquier apuro.

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